Sobre cómo perdí la vergüenza a dibujar en el tren

1 February, 2019

Habían pasado cinco años desde que terminase de estudiar Bellas Artes y, francamente mis dibujos estaban siendo ejecutados con el miedo y el pudor de una aprendiz.

Tenía miedo de que a alguien pudiera no gustarle los garabatos de mi cuaderno. Vete a saber qué pensaría o callaría, si acaso saber lo segundo sería peor.

Por otro lado, ni siquiera sabía cuán intimidatorio y molesto podría resultar ser observado y dibujado por una desconocida que no pidiera permiso para hacerlo.

Así que, por prudencia y para pasar desapercibida mientras dibujaba en el tren, había hecho cosas tan tontas como por ejemplo mirar moviendo solamente los ojos (y acabar con dolor en el seso).

O también dibujar a la gente a través de su reflejo en la ventana, si con suerte era de noche y afuera estaba oscuro.

Aquel día en el vagón usé el truco más valiente: el de dibujar a los que están allá bien lejos, donde no puedan verme.

Justo cuando me disponía a usar mis pinceles una nariz se metió en mi cuaderno indiscretamente.

Me contó que estaba aprendiendo a dibujar porque estudiaba arquitectura bla bla... era la de un chico que se había sentado frente a mí.

Me armé de valor, ya era hora de quitarme tanta puñeta, así que no me detuve. 

Me temblaba el pulso. Y por si fuera poco, el cuaderno que tenía sobre mis rodillas era un alboroto porque de saltos que daba lo tenía que agarrar.

Resulta que cuando dibujo sentada, sin darme cuenta, pongo los pies de puntillas. Pero ese día, por lo inestable de la postura y sobretodo por los nervios, tenía los talones taconeando al aire.

No quedaba en mi cuerpo ya rincón al que no llegasen ondas sísmicas.

Me quedaba por dibujar un último señor que estaba allí en el vagón. Yo le miraba y... él me sonreía. Espera. Él me sonreía.

Fue la primera vez que me pasó algo así. En mi cuaderno nadie me miraba, ni mucho menos sonreía. 

En aquel momento se registró por primera vez el apocalíptico 10,0+ de la escala Richter. 

La tensión aumentaba exponencialmente por cada persona que iba entrando por la puerta del vagón. 

Di por terminado el dibujo. Cerré el cuaderno con cuidado para no pillar la nariz de aquel estudiante de arquitectura y, miré a mi alrededor. Entonces, me quedé perpleja, extrañada, sorprendida, atónita, catatónica,... Vamos, que tenía el corazón en un puño.

Entre toda la gente conté hasta seis personas con sus respectivos doce ojos puestos en mí. Adivina qué más vi: sus dientes. 

El terremoto paró y volví a sentir el traqueteo del tren bajo mis talones.

Había sido pillada in fraganti y sin embargo todo estaba bien. 

A las pasajeras y pasajeros les debió resultar gracioso haber descubierto a una persona adulta dibujando a escondidas.

O quizás sintieran envidia por no haber dibujado ellas desde su infancia. Espero que no.

Por otra parte, en cuanto a mi preocupación por si alguien desmereciera mis dibujos, pues decir que estaba equivocada a todas luces. Aquella nariz y su chico me habían demostrado que creando lo importante es disfrutar y dejarse llevar. Que al fin y al cabo, el arte más genuino se hace para uno mismo. 


Así que a partir de entonces el tren se convirtió oficialmente en mi aula móvil de dibujo, con sus pasajeros y pasajeras siendo estupendas modelos en potencia. 

 

¿Y tú cómo vives la experiencia de dibujar pasajeros o gente en lugares públicos? 

Espero que te haya gustado mi anecdotita, gracias por leerla!

Comentarios

Submitted by Marta Jarque on 25 February, 2019

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Me alegra mucho recibir un primer comentario y que sea tan positivo! Gracias Nau!

Submitted by Raro de Oliveira on 6 March, 2019

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No tengo mucha fluidez en español para entender toda su verve. Pero también sentí mucho miedo al principio. Pero los diálogos que sucedía con las personas siempre fueron divertidos y amorosos. Ahora, siempre que puedo, dibujo en el transporte público. Continúe! Ps. Cuando dibuje muevo mis pies hacia dentro, hasta que las puntas de ellos se encuentren, así como un niño.

Submitted by Marta Jarque on 13 March, 2019

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Raro! Primero de todo: gracias por haber dedicado unos minutos para leer el blog y escribir aquí.
:) Afortunadamente la gente responde amablemente. Me alegra saber que puedes disfrutarlo igual que yo.
En cuanto a tus pies.. jejeje Qué gracia!

Un saludo!

Submitted by Javier Bolaños on 17 March, 2019

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Me encanta dibujar a gente sin que se de cuenta. Empecé a hacerlo hace 3 o 4 años sobre todo en bares o en un banco en la calle, y me alegra descubrir a gente que disfruta haciendo lo mismo. Es un reto muy emocionante. A veces, una vez terminado el dibujo lo enseño al retratado/a y le doy una tarjeta con mi web y mi perfil de Instagram para que pueda verlo ahí, y muy excepcionalmente he regalado algún dibujo a gente que ha sido especialmente simpática.
Me gusta mucho la soltura y el carácter de tus dibujos. No lo dejes nunca.

Submitted by Marta Jarque on 20 March, 2019

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¡Hola Javier!
Las escenas costumbristas tienen mucho encanto. Poder plasmar momentos de sinceridad es precioso, y un reto emocionante ciertamente! Todo está en acción y el directo no se detiene.
Es muy bueno que compartas el resultado con quienes forman parte del proceso, a la mayoría de gente le fascina ver lo que se puede hacer con el dibujo. Yo sólo lo comparto en el momento si percibo cierta curiosidad. Y me apunto eso de llevar las tarjetas de contacto a mano, jeje!

Gracias por tus amables palabras y por el soporte, seguiré. Creo que cuando se empieza a sentir lo apasionante de dibujar, una ya no se puede detener. El camino hacia adelante consiste en seguir creciendo, creando y creyendo.
¡Un abrazo!

Submitted by Teresa gimenez pous on 23 March, 2019

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Escrius tant be com dibuixes. M'has fet somriure amb el teu tremolor. També he recordat els 5 € que et van donar al metro in matí de dibuix. Una abraçada.

Submitted by Marta Jarque on 25 March, 2019

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Ostres Teresa, m'agrada molt que em diguis aquestes coses! Gràcies per animar-me a escriure més!

Una abraçada!

Submitted by Josefina on 5 April, 2019

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Marta, está historia se repite cada día...en una cafetería...el bus...el tren...parque...en este último, se hacerca una señora con una niña: mira fulanita, esta señorita está pintando..., anda dile q tu también pintas...(tierra trágame) . Cerré el bloc y con una mala excusa...me alejé...

Submitted by Marta Jarque on 18 April, 2019

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Hola Josefina,

Gracias por compartir tu experiencia. Entiendo que cuesta aprender a estar relajada cuando hay gente observándote. Considero que para aprenderlo es cuestión de exponerse y poner en la balanza lo que tiene más valor. Y para mí, crear tiene mucho más valor que los miedos.

Bueno, yo te animo a seguir dibujando. Un saludo!

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